Colegios de Fomento, Fomento de Centros de Enseñanza, Colegios Bilingües, Mejores colegios, 18   La tutoría invidividual
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LA TUTORÍA
INDIVIDUAL
UNA AYUDA A LA MEDIDA
DE CADA ALUMNO
En Fomento todos los alumnos reciben el
asesoramiento individualizado de un tutor que, de
forma periódica, mantiene también entrevistas
con los padres para definir objetivos comunes.
LA MISIÓN DEL TUTOR NO ES DECIR AL ALUMNO QUÉ HA DE HACER, SINO AYUDARLE A QUE ÉL MISMO ENCUENTRE SOLUCIONES

En el origen de la tarea educativa (el diálogo de un maestro con su discípulo) y en las mejores tradiciones universitarias, encontró Fomento la figura que más se adecuaba a su concepto de educación personalizada y a la atención individual.

La tutoría individual (o diálogo) es un medio esencial de formación que tiene como objetivo ayudar a que cada alumno forme su voluntad y desarrolle su personalidad; con criterios claros, rectos y bien formados; con coherencia, con capacidad para actuar con libertad y responsabilidad en todas las circunstancias; con afán de servicio y colaboración con los demás, y como parte activa de una sociedad a cuyo bien contribuye. Con profesionalidad, conociendo las necesidades y características de cada persona, sin ánimo de dar consejos, sino de comprender y ayudar mejor al alumno y a su familia, el tutor procura que cada alumno se conozca, haga buen uso de su libertad, se esfuerce, estudie, logre un rendimiento académico satisfactorio y alcance el máximo desarrollo de sus capacidades y de su personalidad.

La tutoría es también una labor de autoformación de quien la desempeña, que actuando con coherencia, claridad y discreción, tiene siempre en cuenta los objetivos de formación humana y religiosa que propone el colegio. Trata de ilusionar con delicadeza, comprensión y cordialidad. Propone metas altas y asequibles, sugiere constancia en el esfuerzo con buen humor y espíritu deportivo.

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¿De qué suelen querer hablar más los alumnos en la tutoría individual?: de cómo mejorar en algunas materias o en la convivencia con algunos compañeros concretos, de cómo mejorar sus técnicas de estudio y planificación, de su carácter y de esos defectos que les gustaría suavizar, de sus ilusiones profe sionales e inquietudes culturales, su lealtad, compañerismo, detalles de servicio, generosidad, autodo minio, libertad, personalidad, creatividad, formación, tiempo libre… y de todo aquello que cada alumno desea. Sería un listado innumerable para alguien que lleve años escuchando a alumnos e intentando ayudarles.»

Pablo Lobo, profesor del Colegio Los Robles.

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Hace 35 años, cuando realizaba las prácticas en un colegio de Fomento, me explicaron cómo hacer bien la tutoría. Estos primeros consejos me han acompañado a lo largo de los años: se trata de ayudar a los alumnos a crecer como personas, a aprender más y mejor, a mejorar en las virtudes humanas –ser más ordenados, sinceros, generosos, trabajadores, amigos de verdad, responsables, alegres– y como hijos de Dios. Los alumnos tienen que saberse aceptados, comprendidos y exigidos: queridos. Y todo eso, en una conversación siempre animante y positiva, de la que salgan ilusionados y comprometidos.»

José Antonio Alcázar, Colegio Aitana.

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LA TUTORÍA EN FOMENTO

La función tutorial, de orientación, dentro del proceso escolar, tiene una larga tradición que se ha mantenido ininterrumpidamente en las universidades inglesas y Fomento la adopta desde el primer año, 1963. Por razones de organización y con el fin de que no se confundiera la misión del tutor en Fomento con la atribuida en las disposiciones oficiales, se cambió este título por el de “preceptor”, palabra que tiene igualmente una vieja tradición en la educación familiar y escolar.»

Víctor García Hoz, «El tutor», Historia de Fomento. Los primeros años, junio, 1996. Archivo Histórico de Fomento.

La tutoría individual permite armonizar la acción de la familia y el colegio, para coordinar esfuerzos, para conjuntar criterios, para lograr que nuestros hijos sean atendidos con coherencia en nuestro hogar y en el colegio. Sin la colaboración viva y activa entre los padres y el tutor de sus hijos, no puede hacerse realidad la educación personalizada.»

Tomás Alvira, ponencia I «Los padres en Fomento», XXI Asamblea de APAs, Córdoba, mayo, 1989. Archivo Histórico de Fomento.

El diálogo entre padres y tutor es siempre constructivo y produce un conocimiento mutuo del que se derivan grandes beneficios para ambos. […] Los tutores encontrarán en esta conversación un cúmulo de ideas y de datos que les ayudarán a desarrollar con mayor eficacia su quehacer educativo. Los padres recibirán del tutor, por el conocimiento que tiene del niño, las orientaciones oportunas. A unos y a otros la entrevista les facilitará la posibilidad de establecer unas metas de acuerdo con las posibilidades propias de cada alumno y los medios más adecuados en su formación.»

Conchita Escribano, «La tutoría», Tertulia, nº 13, abril, 1971, pp. 11-14.

El preceptor no puede limitar su tarea a dar buenos consejos, más o menos adecuados, según lo que pueda deducir por datos o informaciones externas. Ante todo, ha de saber escuchar: solo quien tiene un auténtico interés por lo que comenta el alumno –aunque en algún caso sean cosas de poca importancia para un adulto– puede llegar a un grado de comunicación que le permita colocarse en el lugar del otro y ver las cosas desde su perspectiva, de modo que luego pueda dirigir su mirada en la dirección correcta.»

Víctor García Hoz y otros, «La orientación en la educación institucionalizada. La formación ética», Tratado de Educación Personalizada, vol. 20. Rialp, Madrid, 1994.