Coloreando la música: la habilidad del profesor de música del colegio Montearagón

Puede parecer una metáfora o una figura estilística; pero no lo es. Hay personas que mezclan las sensaciones que producen los sentidos, y en casos como el que nos ocupa, producen arte.

El profesor de música de Secundaria del colegio Montearagón, Mauro Albero, experimenta desde pequeño una extraña habilidad, la denominada ‘sinestesia’, es decir, percibe la sensación propia de un sentido a través de un sentido diferente.

Cada nota es un color para Mauro Albero

“¡Es lo más normal del mundo! Tanto que, hasta la universidad, creía que le pasaba a todas las personas!” Y así, cuando compone o interpreta con los alumnos del colegio Montearagón cada nota es un color, una tonalidad. 

Por ejemplo, para él, el acorde de Do menor es de color verde oscuro, por ello, nos comenta que en sus composiciones lo usa a menudo ya que el verde oscuro es su color preferido, al igual que el número 13 es de color verde oscuro, y por eso es su número preferido; al final todo está unido en la cabeza de un sinestésico.

También los medios han recogido esta productiva habilidad.

Sinestesia: el significado en color de la música

Esta habilidad lleva a este docente a situaciones anecdóticas y curiosas. Por ejemplo, cuando pasaba temporadas en Madrid por razones laborales, en ocasiones confundía las paradas de metro, ya que en Madrid cada parada tiene asignada un número y un color que no corresponden a la visión sintestésica del profesor, y muchas veces buscaba la parada 5 -que en Madrid está representada de color verde, y sin querer se metía en la de color rojo (el 5 es de color rojo en la cabeza de Mauro), que es otro número, y sin darse cuenta podía aparecer en la otra punta.

Tampoco es la primera vez que, en cualquier clase de la ESO, al decir un acorde para tocar con el ukelele o con otro instrumento, en vez de decirlo, dice el color, y hasta que los alumnos no le advierten de ello, puede seguir así, coloreando la música.

Mauro mejor que nadie entiende eso del ‘verde chillón’ o lo de la ‘soledad sonora’.

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